40 – S.O.B.

Alfonso Asua / 08 de junio del 2012 / 9:35h.

Crónica negra - S.O.B.

«Si quieres matarte yo puedo enseñarte media docena de maneras de hacerlo», le dice William Holden a Richard Mulligan en una escena de S.O.B. (1981), la despiadada sátira de Blake Edwards sobre Hollywood. Seguro que Holden, que se despidió del cine con esta comedia, no metió en esa media docena la rocambolesca forma en la que él moriría meses después. Pero S.O.B. es mucho más que el testamento cinematográfico de un gran actor. Es un misil que el propio Edwards lanzó para vengarse de un sistema salvaje, el mismo que él había sufrido durante los rodajes de Darling Lili (1970) y Dos hombres contra el Oeste (1971). Uno de los personajes de la alocada trama es el productor David Blackman, interpretado por Robert Vaughn, un hombre aficionado a meter la tijera en las películas de sus directores. Según Vaughn, Blackman está inspirado en el legendario Robert Evans, uno de los padres del cine moderno americano.

Nacido el 29 de junio de 1930 en Nueva York, Evans fue descubierto por Norma Shearer en la piscina del Hotel Beverly Hills. Fue ella la que le enchufó para que hiciera el papel de su marido, Irving Thalberg (ver capítulo XXVI), en El hombre de las mil caras (1957) (ver capítulo XXXVI). Como estaba absolutamente seguro de que era un pésimo actor, se recicló en productor y ahí hizo historia. Con 34 años ya era uno de los hombres fuertes de Paramount, como jefe de producción; puso en marcha La semilla del diablo (1968), Love Story (1970), El padrino (1972) y Chinatown (1974) y lideró el renacimiento del mítico estudio. Su vida personal también marchaba en buena dirección. Durante el rodaje de Love Story conoció a Ali MacGraw y se casó con ella. La guapa actriz era su tercera esposa y no fue la última: se casó cuatro veces más y tuvo romances con todo tipo de estrellas, desde Ava Gardner hasta Margaux Hemingway (ver capítulo XXXIII). Pero donde las dan las toman y Ali MacGraw se lió con Steve McQueen, su compañero de reparto en La huida (1972), y dejó a Evans, quien por esa época era ya una leyenda en Hollywood, se había librado por los pelos de los asesinatos incitados por Charles Manson (estaba invitado esa fatídica noche de agosto de 1969 en la casa de Sharon Tate y Roman Polanski) y se ponía hasta arriba de cocaína. Como dijo William Friedkin «era un chico agudo, las drogas lo destruyeron».

Lo que vino después fue una caída en picado: abandonó Paramount pero siguió como productor independiente con títulos como Marathon Man (1976), Domingo negro (1977), Jade (1995) y Cómo perder a un chico en 10 días (2003). La parte negativa llegó de la mano de Popeye (1980), Cotton Club (1984), Los dos Jakes (1990) y Acosada (1993), cuatro desastres que hicieron correr ríos de tinta. Las crónicas de rodaje de esas películas son mucho más entretenidas que las películas en sí. Por ejemplo: Evans estuvo implicado en el asesinato del turbio promotor Roy Radin en mayo de 1983, suceso que aprovechó para incluirlo en la trama de Cotton Club. En Acosada, todo era tan sórdido que nadie se hablaba con nadie. Phillip Noyce odiaba a Sharon Stone y ésta a William Baldwin. En cuanto a Los dos Jakes (1990), continuación de Chinatown, fue la película que le llevó directamente al abismo.

En el libro Moteros tranquilos, toros salvajes, Peter Biskind nos ofrece el relato de cómo terminó Evans: «se autodestruyó en un autoinflingido auto de fe de proporciones legendarias, y regresó en los 90 hecho una penosa caricatura de sí mismo, una estatua de cera de Madame Tussaud con un par de películas condenadas de entrada al fracaso». El documental The Kid Stays in the Picture (2002) repasa la fascinante vida de Evans y le hace justicia. Aunque como él dijo en cierta ocasión: «si escribo la verdad de lo que sé, el libro sería de 10.000 páginas».

Cosas que se han dicho

Aún no hay comentarios.

¿Algo que añadir?

Para participar, tienes que estar registrado en cinerama.es