44 – No hagan olas (Segunda parte)

Alfonso Asua / 08 de junio del 2012 / 9:47h.

Crónica negra - No hagan olas (Segunda parte)

Filmways (la compañía de Ransohoff) productora de El baile de los vampiros, impone a Sharon Tate, con la que tiene un contrato de siete años, y Jill St. John se queda fuera. Una orden que seguramente lamentó el director lo justo, porque durante el rodaje Roman y Sharon se enamoraron y finalmente se casaron el 20 de enero de 1968, justo después de acabarse el rodaje de la siguiente película de Polanski, La semilla del diablo. El valle de las muñecas (1967), basada en una novela de Jacqueline Susann —tremenda escritora interpretada por Bette Midler en Ella es única (2000)—, está considerada como una deliciosa basura y muchos son los que la comparan con Showgirls (1995), la película que se cargó la carrera de Paul Verhoeven. Ambas son igual de malas y ambas son igual de divertidas en sus excesos. Pese a todo, Tate recibió una nominación al Globo de Oro. Mejor no fue la comedia de espías La mansión de los siete placeres (1969), definida en su momento como una plomiza parodia de Goldfinger (1964). Al menos esta sirvió para que muchos años después Heather Graham se inspirara directamente en el personaje de Sharon Tate para crear el suyo en Austin Powers: La espía que me achuchó (1999). La sexta y última película de Sharon Tate fue Cual de las trece? (1969), que alguien calificó como «una estupidez». La carrera de la actriz no despegaba, pero la de su marido no podía ir mejor. Con La semilla del diablo haciendo historia en los cines de todo el mundo, seguramente muchos se preguntaron por qué Polanski no eligió a Tate para el papel de Rosemary, cuando además, la descripción que hace del personaje el autor de la novela, Ira Levin, parece inspirarse directamente en Sharon. Lo cierto es que la futura esposa del director nunca fue ni siquiera propuesta para el papel. Por el casting pasaron Jane Fonda y Goldie Hawn, pero finalmente fue Mia Farrow la elegida.

A principios de 1969 Sharon Tate se quedó embarazada y ese verano se instaló en Cielo Drive a la espera de que su marido regresara de Londres, donde preparaba la película The Day of the Dolphin, thriller sobre delfines entrenados para asesinar al presidente de los Estados Unidos. Días felices para la pareja sólo empañados por una serie de anónimos muy desagradables que Polanski había recibido tras el estreno de La semilla del diablo. Sus autores eran perturbados nada contentos por cómo había retratado el satanismo en la película. Posiblemente otro aviso de lo que se avecinaba fue la trágica muerte de Krzysztof Komeda, compositor polaco íntimo amigo de Polanski y autor de la célebre banda sonora de La semilla del diablo. Komeda se cayó borracho por las colinas de Hollywood en abril de 1969 y murió días después a los 37 años. En cualquier caso, nada podía enturbiar los días felices de la pareja, aunque Polanski no podía evitar «esa obsesión polaca de que cuando las cosas van bien tengo una sensación terrible».

Los días anteriores al 9 de agosto, Sharon Tate los pasó en compañía de sus íntimas amigas Julie Christie, Jacqueline Bisset y Mia Farrow, esperando el regreso de su marido y simplemente aguantando el sofocante calor en su octavo mes de embarazo. Hablaba con Roman todos los días y muchas de esas conversaciones eran acerca del último libro que había leído ella: Tess de los d’Urberville, de Thomas Hardy. Sharon estaba convencida de que podía ser la base de una gran película, con ella de protagonista y él de director. En 1979 Polanski cumplió el último sueño de su esposa, rodó Tess con Nastassja Kinski y una simple dedicatoria en los títulos de crédito: «Para Sharon».

El viernes 8 de agosto estaban instalados en Cielo Drive, pasando unos días, Wojtek Frykowski –un amigo de Polanski de los primeros tiempos en Polonia al que éste definió como «un hombre de poco talento pero inmenso encanto»–, su novia, la millonaria Abigail Folger, y Jay Sebring, antiguo novio de Sharon que había congeniado muy bien con Roman, quizás porque era todo un personaje. Sebring era el estilista favorito de las estrellas de Hollywood y playboy consumado (para mayor información, echen un vistazo a Warren Beatty en Shampoo y se harán una idea de quién era Sebring). Además, esa calurosa tarde de agosto también estaban en la casa, pero en una caseta contigüa, el encargado de mantenimiento de la finca, el joven William Garretson, y un conocido suyo, Steven Parent, que le fue a visitar a última hora. La actriz inglesa Joanna Pettet (1942), que había trabajado con Candice Bergen en El grupo (1966) y aparecía en Casino Royale (1967) comió con Sharon Tate en Cielo Drive y se marchó, una decisión que seguramente recordarla hoy todavía le produzca escalofríos. Debra, la hermana de Sharon, también iba a pasar por la casa, pero decidió no ir. Aunque después de los asesinatos, muchos en Hollywood confesaron que habían sido invitados a Cielo Drive esa noche, lo cierto es que sólo Pettet pasó por la casa, entre otras cosas porque, al contrario de lo que se dijo, no se celebraba ninguna fiesta allí, y mucho menos una orgía. Sharon estaba cansada y se fue a su dormitorio. Fue allí donde la encontraron Charles “Tex” Watson, Patricia Krenwinkel y Susan Atkins, los tres discípulos de Manson enviados a Cielo Drive para matar a cualquiera que se encontraran. Linda Kasabian, la cuarta del grupo de asesinos, se quedó en el coche y posteriormente se convirtió en el principal testigo de la acusación. Manson sabía que Melcher ya no vivía allí, pero el mensaje debía quedar claro. Y no lo pudieron hacer mejor. Frykowski recibió dos disparos y 51 puñaladas, Abigail Folger murió con 28 cuchilladas, Jay Sebring se llevó 7 puñaladas, Steven Parent, que pasaba por allí y ya se iba, se quedó en el coche con un balazo, y Sharon Tate falleció víctima de 16 puñaladas. Sólo se salvó William Garretson, que estuvo durante la matanza encerrado en su caseta sin enterarse de nada.

Pese a que era inevitable formular la conexión entre La semilla del diablo y los asesinatos, dicha conexión no existía, para desgracia de los periodistas sensacionalistas de la época. «Antes de que encontraran a Manson, se me consideró sospechoso. Yo acababa de terminar La semilla del diablo sobre la magia negra y los medios establecieron la conexión inmediata. Era una tema que les excitaba enormemente», ha declarado recientemente Roman Polanski. Pese a todo, y como dice el escritor de cine Christopher Sandford, «hay algo en la escena en que una embarazada Rosemary es arrastrada entre gritos y patadas en la que resuena horriblemente el destino de Roman». En realidad, Manson mandó matar a cinco personas que no conocía (y al matrimonio Leno y Rosemary LaBianca, un día después) por venganza hacia el mundo artístico que le había rechazado. Existen más razones. Una habla de un juego llamado Creepy-crawl (abordaje silencioso), el favorito de Manson y sus cómplices, que consistía en entrar en casas lujosas y cambiar los muebles de sitio. También está la revolución llamada Helter Skelter (título de una canción de los Beatles), una disparatada teoría creada por Manson sobre la raza negra que se sublevaría para matar a la blanca, Manson dominaría a los negros y el mundo estaría en sus manos. El Helter Skelter debía comenzar el 9 de agosto, cuando todo el mundo pensase que la matanza era obra de las bandas de negros y diera así comienzo la sublevación. Mucha más mundana es la teoría de que el crimen de Cielo Drive se planeó para sacar de la cárcel a Bobby Beausoleil, un miembro de la Familia Manson arrestado por el asesinato de Gary Hinman, profesor de música que entró en negocios con la banda. El escenario del crimen de Cielo Drive era similar al de Hinman con la intención de exculpar a

Beausoleil, que estaba en prisión la madrugada del 9 de agosto. Al final, en medio de tanta sordidez, fue Polanski quien dio en el clavo: «Manson iba a por Melcher. Y punto. Era un artista despreciado, y despreciar a cierta clase de artistas puede ser muy peligroso. Piense en Hitler». La casa de Cielo Drive fue demolida en 1994. Ahora hay una mansión de estilo italiano y la dirección de la calle ha cambiado.

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