47 – The artist

Alfonso Asua / 08 de junio del 2012 / 10:00h.

Crónica negra - The artist

Pocos lo han dicho, pero lo cierto es que George Valentin, interpretado por Jean Dujardin en The Artist, está inspirado en John Gilbert, estrella del Hollywood mudo que fue incapaz de dar el salto al sonoro. Un tránsito que unos pasaron con éxito (Greta Garbo y su acento sueco) y otros cayeron en el intento. Quienes mejor explicaron esa época decisiva para Hollywood fueron Stanley Donen y Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia (1952). En esa película Jean Hagen interpreta a Lina Lamont, estrella de cine mudo con voz de pito a la que la llegada del sonido deja en evidencia. Algo parecido le pasó a John Gilbert. No en vano, una escena de su primer film totalmente hablado, His Glorious Night (1929), fue parodiada sin compasión en el mítico musical.

El galán de tez morena y deslumbrante sonrisa (como Dujardin en The Artist) nació el 10 de Julio de 1897 en Utah, en el seno de una familia del espectáculo, y empezó en el cine de la mano de Thomas H. Ince, pionero del cine americano que murió asesinado (ver el primer capítulo de esta serie). Entre 1915 y 1922 apareció en unas 50 películas y en 1924 firmó un contrato con MGM. La muerte repentina de Rodolfo Valentino, su máximo rival en las pantallas, el éxito de El gran desfile (1925) y su encuentro con Greta Garbo, con quien haría El demonio y la carne (1926), Ana Karenina (1927) y La mujer Ligera (1928) le llevaron a la cumbre. La pareja causó sensación y ellos, por si acaso, vivieron un tórrido romance fuera de cámara.

El estudio se frotaba las manos, pero cuando parecía que se iban a casar, Gilbert fue abandonado por la misteriosa diva que odiaba las multitudes. «No sirvo para casada», fue lo que dijo ella. Ese desplante marcó el principio de su declive, ya que empezó a beber en exceso; por si fuera poco, el sonido estaba a punto de revolucionar la industria del cine. La que fuera máxima estrella de MGM cobraba demasiado y ya no era rentable. El día de su boda con Garbo, cuando estaba claro que la actriz no se iba a presentar, cuenta la leyenda que Gilbert tuvo un serio encontronazo con el poderoso y temible jefe de la MGM, Louis B. Mayer. Éste juró hundir su carrera. Sea o no verdad esta anécdota –algunos aseguran que ocurrió y otros no–, la verdad es que Gilbert era el actor mejor pagado de Hollywood (250.000 dólares por película) y sus primeros films sonoros fracasaron uno detrás de otro. Como suele pasar en la industria del cine desde que empezó a funcionar el star system, siempre hay un repuesto en el firmamento de estrellas. Clark Gable acababa de llegar y, mientras subía como la espuma, Gilbert se hundía. Su voz y tono no casaban con el cine sonoro, el público se reía y él se volvió paranoico (oía carcajadas por todas partes). En MGM se querían deshacer de la estrella pero no sabían cómo, hasta que un asesor de Mayer dio con la solución: «Déjale en paz. Tal vez beba hasta matarse». Garbo acudió en su ayuda y le impuso como compañero en La Reina Cristina de Suecia (1933). Los productores, aterrorizados por el desastre que se avecinaba (los profesores de declamación ya había dando por perdido al alumno Gilbert) buscaron su propio candidato: Laurence Olivier. El jovencísimo actor inglés llegó a Hollywood para hacer pruebas de cámara con Garbo, pero la diva le hizo la vida imposible. Gilbert se quedó con el papel del embajador español, y Olivier juró no volver jamás a Hollywood (tardó 10 años en cambiar de idea). Como dijo el actor sueco Lars Hanson «John Gilbert estaba demasiado convencido de su condición de astro», así que, más envejecido de lo que correspondía a su edad (38 años), su caída resultó traumática y sólo rodó una película más. Murió en Los Angeles el 9 de enero de 1936 a consecuencia de un infarto agudo de miocardio.

Como dice Scott Syman en El león de Hollywood, biografía de Louis B. Mayer, «El cine sonoro creaba estrellas… y las echaba a perder; la más famosa que malogró fue John Gilbert».

 

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