Atracción fatal por Patricia

Carrie / 05 de noviembre del 2019 / 18:35h.

La mejor adaptación al cine de una novela de Patricia Highsmith es El talento de Mr. Ripley (1999), de Anthony Minghella. No nos olvidamos de Extraños en un tren (1951), de Alfred Hitchcock, que es la segunda mejor. El amigo americano (1977), es más Wenders que Highsmith. Y luego están A pleno sol (1960), de René Clément, tan buena como cualquiera si no fuera por ese final impuesto tan irrespetuoso con el Tom Ripley que ideó la escritora, yCarol (2015), que para muchos ocuparía el primer puesto. Todo esto viene a cuento porque resulta que el añorado Adrian Lyne vuelve al cine tras 17 años retirado para dirigir Deep Water, basada en la novela Mar de fondo de Highsmith. Toda una noticia, porque regresa el director de Atracción fatal (1987) y porque Highsmith, sorprendentemente, no ha sido adaptada al cine tanto como podíamos pensar, teniendo en cuenta el extenso y excelente material que ha dejado, novelas de suspense con tramas sumergidas en el horror cotidiano.

Si miramos atrás, toda la obra de Agatha Christie ha sido adaptada al cine o a la televisión y si miramos hacia adelante, las tres novelas de Gillian Flynn han sido llevadas a la pantalla. Es verdad que los personajes y las historias de Highsmith son más complejos que los de Christie, pero también que Gillian es una alumna muy aventajada de Patricia. Ejercicio para después del verano: lean Crímenes imaginarios y luego Perdida y verán como casi parece la misma novela.

Volvamos a Adrian Lyne, que es inglés, tiene 78 años y ha dirigido películas que ya están en la historia del cine, la propia de cada espectador, no la de los críticos. Películas para recordar. Hablamos de Flashdance (1983), Nueve semanas y media (1986), Atracción fatal (1987) y Una proposición indecente (1993). Para algunos, basura, para muchos, placeres cinéfilos. Como Jennifer Beals a ritmo de What a Feeling y Kim Basinger al de You Can Leave Your Hat On, o Glenn Close metiendo un conejo en la olla, o Tim Robbins subiendo por La escalera de Jacob (1990), o Robert Redford con Una proposición indecente (1993). Hasta su Lolita (1997), adaptación de la novela de Vladimir Nabokov, estaba bastante bien pese a la sombra de Kubrick. Lo último que hemos visto de Adrian Lyne ha sido Infiel (2002), que muy bien podría haber sido una historia de Highsmith con ese triángulo mortal entre Richard Gere, Diane Lane y Olivier Martinez, aunque en realidad era una idea original de Claude Chabrol para La mujer infiel (1969) que Lyne versionó con maestría.

Por todo esto, la puesta en marcha de Deep Water es un acontecimiento. Como la sombra de Gillian Flynn está muy cerca, Lyne quiere a Ben Affleck, perdido en Perdida, para interpretar a ese hombre encantador, culto, liberal, buen padre y esposo que podría esconder a un psicópata, aunque la única que lo sospecha es su alocada y muy infiel mujer. Este personaje, que colecciona amantes y lleva a su marido al límite, parece que está ya en manos de la imparable Ana de Armas. Con estos dos personajes Lyne nos llevará a los lugares oscuros de un matrimonio de clase media, a las heridas abiertas de una comunidad de vecinos, la misma que piensa que él es estupendo y ella una zorra, y nos perderemos por ese «mundo propio, claustrofóbico e irracional, en el que entramos con una fuerte sensación de peligro, mirando por encima del hombro y con alguna reticencia, porque los placeres que experimentamos son placeres crueles», como dijo Graham Green de la obra de Highsmith.

 

Ilustración | Maroto

 

 

 

 

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