Desapareció sin más, un subgénero con pistas

Carrie / 02 de diciembre del 2019 / 12:08h.

 

Ocurre que Sam Worthington está de viaje con su mujer e hija por una de esas solitarias carreteras de Estados Unidos, paran en una tétrica estación de servicio, la niña se rompe el brazo tras una accidental caída, la llevan al hospital más cercano y una vez allí, mientras él está en la sala de espera, madre e hija desaparecen. Es más, nadie, ni médicos ni enfermeras, recuerda haberlas visto. Esto ocurre en la película Fractured (Fractura) (2019), uno de esos títulos de estreno en España pero no en pantalla grande. Como mandan los tiempos, la podemos ver en pantalla pequeña, lo mismo que, por citar algunas de las últimas, In the Shadow of the Moon (2019), Greta (2018) y Wounds (2019). Fractured la dirige Brad Anderson, el tipo que llevó a Christian Bale al límite en El maquinista (2004) y luego dirigió a Eduardo Noriega en Transsiberian (2008), y pertenece a ese subgénero del misterio en el que “estoy de viaje con un amigo o un familiar, este desaparece y nadie recuerda que yo haya ido acompañado”. En el cine y la televisión hemos visto todas las variantes: hermanos y esposas en hoteles, maridos en trasatlánticos, hijas en aviones y amigas en trenes.

Todo empezó, por lo menos para el cine, con la escritora británica Ethel Lina White (1876-1944) y su novela de 1936 The Wheel Spins, donde una mujer conoce a una encantadora anciana a bordo de un tren y cuando quiere darse cuenta, la señora se ha esfumado y los demás pasajeros niegan haberla visto nunca. La novela fue llevada al cine primero por Alfred Hitchcock en 1938 y luego por Anthony Page en 1979, en ambos casos con el título de The Lady Vanishes (en España, Alarma en el expreso y La dama del expreso, respectivamente). Miss Froy (May Whitty y Angela Lansbury) desaparece y la heroína (Margaret Lockwood y Cybill Shepherd) la busca por todos los vagones de ese tren que atraviesa las montañas europeas. También en Europa pierde Jean Simmons a su hermano en So Long at the Fair (Extraño suceso) (1950). Estamos en París durante la Exposición Universal de 1889 y la pobre Vicky Barton vive un infierno cuando en el pequeño hotel donde se hospeda con su hermano todo el mundo niega haberla visto llegar acompañada. Esta pequeña joya, atención a la inquietante interpretación de Cathleen Nesbitt como la señora que dirige el hotel, está basada en una leyenda urbana muy popular de finales del siglo XIX, conocida como ‘Vanishing Hotel Room’.

Esta tenebrosa historia ha dado mucho juego en el cine y la televisión. Hay dos películas alemanas sobre el tema, la muda Unheimliche Geschichten (1919) y Huellas borradas (1938), esta última basada en una obra de Hans Rothe adaptada al cine por la famosa guionista Thea von Harbou, la que fuera mujer de Fritz Lang. La obra de Rothe también sirvió de base para la española Llegada de noche (1949), de José Antonio Nieves Conde, ambientada en la Feria de Sevilla, y para Into Thin Air, episodio de la serie de televisión Alfred Hitchcock presenta emitido en 1955, en un donde una joven (interpretada por la hija del cineasta, Patricia Hitchcock) busca a su madre que se ha esfumado sin dejar rastro de un hotel de París. Nada menos que Roman Polanski, en colaboración con el guionista francés Gérard Brach, le dio una vuelta a esta historia en Frenético (1988), con Harrison Ford viviendo la misma pesadilla. Él es un cirujano de Chicago que llega a París junto a su mujer para asistir a un congreso. Ella, Betty Buckley, desaparece en el hotel, aunque la trama nos lleva por otros caminos de intriga internacional en lo que el propio Polanski definió como «una película sobre el desfase horario».

 

John Dickson Carr (1906-1977) fue uno de los más famosos escritores americanos de historias de misterio, todo un maestro en lo que se ha llamado ‘locked room mystery’, crímenes imposibles en habitaciones cerradas. En su obra radiofónica Cabin B-13, emitida en 1943, el misterio se desarrolla a bordo de un transatlántico y en su adaptación al cine, con el título Dangerous Crossing (Travesía peligrosa) (1953), vemos a la guapísima Jeanne Crain desesperada porque no encuentra a su marido. Un problema sería que el buen hombre se hubiera caído al océano, si no fuera porque su nombre ha desaparecido misteriosamente de la lista de pasajeros. El telefilm Treacherous Crossing (1992) nos cuenta la misma historia, con Lindsay Wagner en el papel principal, aunque a quien queremos ver de verdad es a Angie Dickinson, secundaria de lujo.

 

La mayor parte de Fractured (Fractura) transcurre en carreteras solitarias de Estados Unidos, ya se sabe, en el desierto nadie puede oír tus quejas ni responder a tus preguntas. En el telefilm Dying Room Only (¿Dónde está mi esposo?) (1973), producido para la serie Wide World of Mystery y basado en un relato corto de Richard Matheson, Cloris Leachman viaja con su marido en coche, la pareja se detienen en una cafetería en el desierto, el esposo va al baño y nunca regresa.

Dice el director Jonathan Mostow que se le ocurrió la trama de su película Breakdown (1997) mientras viajaba con su mujer por el desierto de Las Vegas, aunque uno se pregunta si antes había visto Dying Room Only (¿Dónde está mi esposo?), porque lo que le pasa a Kurt Russell se parece demasiado a lo que vive Cloris Leachman. En Breakdown la pareja protagonista termina en medio del desierto con el coche averiado, la mujer se va con un simpático camionero hacia un restaurante cercano para pedir ayuda y pasadas las horas tanto el camionero como la gente de la cafetería juran que nunca han visto a la mujer. Kurt Russell se desespera, claro está, lo mismo que Jeanne Crain, Jean Simmons, Sam Worthington y Jodie Foster. Esta última lo pasa realmente mal en Flightplan (Plan de vuelo: Desaparecida) (2005), una película del alemán Robert Schwentke que va más lejos que ninguna otra en un misterio que haría las delicias del maestro Dickson Carr porque transcurre en un avión. Es verdad que el aparato, que viaja de Berlín a Nueva York, es enorme, tiene dos pisos y mucho espacio, pero la heroína que interpreta Foster lo tiene mucho más complicado que los demás protagonistas de este texto. Resulta que embarca con su hija, la mujer se queda dormida un par de horas y cuando despierta la niña no está ni se la espera. Las azafatas aseguran que ella subió sola al avión y la trama se complica hasta límites tan rocambolescos como entretenidos.

Ya sea en un avión, en un lujoso barco, en un siniestro hospital, en un encantador hotel de París o en un tren, estos personajes descubren que, como nos recuerda un personaje de la serie de televisión Ozark, estamos en «un mundo donde sólo queda el horror, con el cual, antes o después, nos toparemos, bien en un inhóspito motel de carretera, bien en un precioso pueblo de las montañas, tal vez al girar la esquina».

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