Ciudadano Fincher y la ira de Hearst

Carrie / 27 de diciembre del 2019 / 10:00h.

 

Nuevo año y nuevas energías. Así nos encontramos por estos lares a David Fincher, que lleva seis años sin estrenar película. Lo último que vimos de él en formato largometraje fue Perdida (2014). La excelente Mindhunter (2017-2019) le ha mantenido muy ocupado en su nuevo hogar, que no es otro que Netflix, la compañía que también le está produciendo Mank (2020), película en blanco y negro que cuenta la historia del guionista Herman J. Mankiewicz durante la tormentosa gestación de la mítica Ciudadano Kane (1941). Un proyecto muy personal para el director de Zodiac (2007) porque lleva trabajando en él desde 1997 y porque el guion es de su padre, Jack Fincher, un escritor y ensayista que murió en 2003 sin ver su texto trasladado al cine. El buen hombre no tuvo suerte, también se interesó por otra leyenda, Howard Hughes, pero se le adelantó John Logan con El aviador (2004).

Precisamente Logan fue el autor de RKO 281 (1999), telefilm que narra la misma historia que Mank, pero ahí el protagonista es Orson Welles, interpretado por Liev Schreiber, secundado por los otros tres personajes claves en la trama: Herman Mankiewicz (John Malkovich), Marion Davies (Melanie Griffith) y el magnate William Randolph Hearst (James Cromwell ). En Mank, Gary Oldman es Mankiewicz, Amanda Seyfried da el tipo como la actriz de cara redonda Marion Davies, Tom Burke, el Cormoran Strike televisivo, se parece mucho a Orson Welles y Charles Dance se parece aún más a William Randolph Hearst. Aquí paramos un momento para soltar un cotilleo: Fincher y Oldman estuvieron casados con la misma mujer, Donya Fiorentino. El director entre 1990 y 1995 y el actor entre 1997 y 2001.

Marion Davis (1897-1961) no tuvo buena suerte, pese a ser la amante reconocida de Hearst, uno de los hombres más poderosos de Estados Unidos. Era una muy buena actriz de comedia y su protector fundó la compañía de producción Cosmopolitan sólo para hacer películas con ella de protagonista.

Pero nada de eso sirvió para que haya pasado a la posteridad como la inspiración de Orson Welles y Herman J. Mankiewicz para el personaje de Susan Alexander en Ciudadano Kane (1941), una cantante de ópera sin talento, amante del magnate Charles Foster Kane (inspirado en Hearst, claro). La sátira feroz era demasiado evidente, aunque Marion sí tenía talento. La bronca de Hearst forma parte de las mejores leyendas de Hollywood, con su intento de impedir el estreno de Ciudadano Kane. La triste realidad es que Marion Davis habría sido una gran estrella si se hubiera desprendido del «viejo sapo con voz de pito», como define Jerry Stahl a Hearst en su divertido libro Yo, Fatty (Anagrama). Orson Welles tardó en hacer justicia. Según le dijo a Peter Bogdanovich años después, el personaje de Susan Alexander no estaba basado en Marion, más bien su modelo fue la segunda esposa del magnate Harold Fowler McCormick, una cantante de ópera de origen polaco llamada Ganna Walska. «En cuanto a Marion, ella era una mujer extraordinaria, nada que ver con el personaje que Dorothy Comingore interpretó en Ciudadano Kane», confesó Welles, que por lo menos nombra a la verdadera víctima de todo este tinglado: Dorothy Comingore (1913-1971). Hearst, furioso, volcó su artillería contra todos los que participaron en la película, y especialmente contra ella. La actriz se ganó un lugar en la historia del cine por su papel como la segunda Sra. Kane, incluso se habló de una nominación al Oscar que finalmente no llegó. Lo que llegó fue la ruina. Comingore recuerda al caso Frances Farmer, tan parecido que incluso nacieron el mismo año y murieron con uno de diferencia. Dorothy, como Frances, era simpatizante de izquierdas. Y eso lo sabía Hearst. Demasiada munición. El plan se organizó como una campaña de desprestigio liderada por la columnista de cotilleos Hedda Hopper. Lo primero que hicieron fue colocarla de cabeza en el Partido Comunista. Ella se negó a cooperar con el Comité de Actividades Antiamericanas y entró en la lista negra de Hollywood. Y eso fue el fin de su carrera. La última película en la que intervino Comingore fue el thriller La larga noche (1951), que también fue la última que rodó en Estados Unidos el director Joseph Losey, otra víctima de la Caza de Brujas.
Marion Davis rodó su última película en 1937. Kirsten Dunst la interpretó en El maullido del gato (2001), película de Peter Bogdanovich que recrea otro escándalo en el que se vio involucrada la pareja Hearst-Davis, pero esa es otra historia.

House of Cards, Mindhunter y Mank, tres proyectos de Fincher en Netflix, han resultado ser la mejor de las opciones para el director, desencantado por los proyectos cinematográficos que no ha podido sacar adelante, uno de ellos, la adaptación al cine de la estupenda novela de James Ellroy La dalia negra. La idea de Fincher, prácticamente inviable, era una versión de tres horas y en blanco y negro. Brian De Palma la terminó rodando en color y con dos horas de duración. Lo del blanco y negro ya lo tiene Fincher superado con Mank, y lo de hacer un noir clásico en toda regla también, porque el cineasta prepara con Netflix una precuela de Chinatown (1974) en formato miniserie. Si uno quisiera tocar ese clásico y buscase ayuda, el primero de la lista al que tendría que llamar sería Robert Towne, el guionista de la película de Roman Polanski y de su secuela, Los dos Jakes (1990), que dirigió Jack Nicholson. Ellos serán la pareja más fascinante del año. Towne y Fincher recreando los primeros años como detective privado de J.J. Gittes será un manjar irresistible, aunque a la fiesta no esté invitado el imponente Noah Cross y sus dardos de acero: ¿Se acuesta usted con mi hija, Sr. Gittes? Vamos, vamos, no tiene que pensar mucho para acordarse de eso.

Hablando de frases célebres, la más graciosa que he oído últimamente es aquella que suelta Kim Novak en un momento tenso de El espejo roto (1980). Se está rodando la más improbable versión que uno pueda imaginar de la historia de María Reina de Escocia, con Elizabeth Taylor como María y Novak como Isabel I, y esta última suelta, con toda la razón: «Me trago una lata de Kodak y vomito una película mejor». Esta versión de la novela de Agatha Christie seguro que no será revisada por Ridley Scott y su equipo, como sí lo han hecho con Asesinato en el Orient Express (2017) y Muerte en el Nilo (2020). Scott tiene ya 82 años y quiere llevar al cine la historia de Maurizio Gucci, tiroteado en el portal de su casa de Milán en 1995. Lady Gaga será la estrella de la película en el papel de Patrizia, la esposa de Gucci que ordenó el crimen. El cineasta vuelve a la crónica negra de alta sociedad italiana tras la incomprendida Todo el dinero del mundo (2017). Aunque si hablamos de los Getty, nos quedamos con la serie Trust (2018). Será por su creador y guionista Simon Beaufoy, ganador del Oscar por Slumdog Millionaire (2008) y ahora trabajando en A Special Relationship, un guion sobre la amistad entre Liz Taylor y su asistente personal. Rachel Weisz como Taylor será otro de los placeres que nos esperan en este 2020.

 

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