Con Honor . Homenaje a una gran dama

domino / 09 de abril del 2020 / 14:26h.

 

“No malgaste su atractivo, soy inmune”, le suelta Pussy Galore a James Bond en Goldfinger (1964), la tercera película de la saga 007 y la que marcó con dedos de oro a todas las que vinieron después. Ella era Honor Blackman, que falleció el pasado seis de abril a los 94 años por causas naturales. Esa producción y ese personaje fueron decisivos en la carrera de esta inglesa nacida en Londres en 1925 que siempre dijo que había nacido para interpretar a la ambiciosa, fuerte, segura, experta piloto y campeona de judo. “Modestia aparte, creo que no había nadie mejor preparada que yo para el papel de Pussy Galore”. A Honor le divertía comentar con su voz ronca y profunda que en el libro de Ian Fleming “se suponía que Pussy era lesbiana, pero en la película esa idea quedó descartada, salvo por el hecho de que yo llamara a mis mujeres piloto con nombres andróginos, como Joe y Bud. Eso fue lo más lejos que llegamos con ese tema. En ese sentido, el libro es ridículo. La mera idea de que una lesbiana mire una vez a Sean Connery, jadee y cambie de orientación sexual es absolutamente disparatada”. Efectivamente, Pussy Galore lidera en la película un escuadrón femenino de pilotos de exhibición llamado, no se lo pierdan, “El Circo volador de Pussy Galore”, claro que en la novela original, la cosa es más explícita: la banda de ladronas lesbianas de Pussy se llama “Las Mezcladoras de Cemento”. Además, Pussy es la piloto personal de Auric Goldfinger y sueña con comprarse una isla en las Bahamas.

 

Cuando Honor Blackman llegó al universo Bond, ya era muy famosa y ya tenía una larga carrera a sus espaldas. Fue el director Guy Hamilton quien colocó su nombre sobre la mesa. Nadie puso objeción porque Honor en ese momento era tremendamente popular gracias a la serie de televisión Los vengadores. En ese mítico programa, ella era Catherine Gale, experta en judo, hábil en las secuencias de acción y siempre vestida de cuero. Honor llegó a la serie el 29 de septiembre de 1962, el año que se estrenó la primera película de 007, Agente 007 contra el Dr. No (1962). Kathy Gale fue creada a imagen y semejanza de tres mujeres reales: la fotógrafa de la revista Life Margaret Bourne-Smith; la prestigiosa antropóloga Margaret Mead; y la esposa de un granjero de Kenya que escapó de los Mau Mau. La fuerza del personaje, en un principio pensado para un actor, y la química con su compañero de aventuras, el gentleman John Steed, interpretado por Patrick Macnee, hicieron de Los vengadores todo un fenómeno de la televisión de la década de 1960. Honor “interpretó los guiones sin modificar ni una sola línea de diálogo o de acción; esto es, como si fuera directamente un hombre, como esta previsto en un principio”, según nos cuenta Xavier Pérez en el completo libro “El universo de Los Vengadores” (Biblioetca del Dr. Vértigo). Y ahí estaba la clave. Kathy, del British Museum, con sus botas de cuero, se convirtió en un mito y Honor en una estrella. Cuando la actriz consiguió el papel de Pussy Galore, continuó con su contrato televisivo, terminó la tercera temporada de la serie y a mediados de marzo de 1964 abandonó el programa, para enfado de Patrick Macnee, que le retiró la palabra durante años. El rodaje de Goldfinger empezó el 9 de marzo de ese mismo año en los estudios Pinewood con Connery todavía ocupado en Marnie, la ladrona (1964) y con Blackman sin haber leído ni una sola novela de Fleming. Empezó, claro está, por Goldfinger. Hasta la llegada de Monica Bellucci a Spectre (2015), ella fue la actriz con más edad en interpretar a una chica Bond. Tenía 39 años.

 

Kathy Gale y Pussy Galore marcaron a fuego la carrera de Honor Blackman. Lo que vino después no fue tan comentado. La actriz inglesa Diana Rigg (nacida en 1938 y chica Bond ella misma años después) la sustituyó en Los Vengadores. En un episodio del año 1965 John Steed recibe una tarjeta de Navidad firmada por Cathy Gale y enviada desde Fort Knox, un guiño a Goldfinger, aunque en ese momento Honor Blackman ya estaba muy lejos, era una celebridad mundial. Goldfinger se estrenó en Londres en el Odeon Leicester Square el 17 de septiembre de 1964. “Fue la noche más glamurosa de mi vida. Había tal muchedumbre agolpada que la gente se colaba en el cine. Todo muy emocionante. Una noche maravillosa”, recordaría la actriz. Y ahí se produjo una imagen para la posteridad, como le gustaba contar a Albert R. Broccoli. “Honor conoció al príncipe Felipe de Edimburgo. La mañana siguiente, un diario trataba el evento en portada bajo el titular: Pussy y el príncipe. Era un titular irresistible que divirtió a todo el mundo, incluida la Casa Real”. Pussy significa “coño” y Honor siempre defendió que esa chica Bond en concreto “fue un símbolo del poder femenino, seamos realistas”.

 

Honor Blackman estudió en la Guildhall School of Music and Drama y se formó en los escenarios del West End de Londres. Debutó en el cine en 1947 y en 1950 ya se codeaba con las estrellas Jean Simmons y Dirk Bogarde. Fue en el magnífico thriller Extraño suceso, donde Honor interpretaba a una comprensiva joven que viaja con su madre al París de 1889 en plena Exposición Universal y corteja a Bogarde, aunque no tiene nada que hacer cuando el hermano de Simmons desaparece misteriosamente y el galán se centra en ayudar a la chica a encontrarle. Una rara película española, Manchas de sangre en la luna (1952), y muchos dramas criminales fueron construyendo una carrera errática que hasta tuvo su dosis de cine de catástrofes. Antes que Kate Winslet, Honor ya se había subido al Titanic en la popular La última noche del Titanic (1958). Bajo contrato de la poderosa Rank Organisation, la actriz siguió sumando títulos a sus filmografía. Lo más destacado que hizo antes del boom Gale / Galore fue la recordada Jasón y los argonautas (1963), donde era la diosa Hera. Tras el tsunami 007, llegaron la sátira A la cumbre por las faldas (1965) y el drama, nuevamente con Jean Simmons, Vivir en la cumbre (1965). Siempre compaginando televisión y cine, se reencontró con Connery en el western Shalako (1968), estuvo en la cinta de terror a mayor gloria de Susan George Acosadas por el pánico (1971), y terminaba mal de verdad en La monja poseída (1976), una rareza con Nastassja Kinski, Christopher Lee y Richard Widmark. Tampoco salía bien parada en El gato y el canario (1978), nueva versión de la popular comedia teatral de misterio.

 

Con los años, Honor se convirtió en una elegante dama, señora de los escenarios, donde triunfó como la ciega acosada en Sola en la oscuridad, su doble papel en Mr. and Mrs., una producción basada en dos obras de Noël Coward, y el musical Sonrisas y lágrimas, entre otros muchos. Está claro que el cine la desaprovechó, se refugió en el teatro y solo volvió a la gran pantalla para pasear toda su clase en títulos como El diario de Bridget Jones (2001). La actriz se casó en dos ocasiones y con su segundo marido, Maurice Kaufmann, adoptó a dos niños a finales de la década de 1960, Lottie y Barnaby. Y siempre defendió lo que ahora parece evidente por ser la causa de Barbara Broccoli: que una chica Bond no es un mero objeto de deseo. “Odio ese término. No me gusta, por la sencilla razón de que en mi caso, Pussy Galore hubiera sido un buen personaje en cualquier película, no solo en una de Bond”. En la escena final de la película de misterio Momento a momento (1966), su personaje, Daphne Fields, vecina, amiga y cómplice en la Riviera Francesa de Jean Seberg en la intriga ideada por el dramaturgo y guionista Alec Coppel, le dice a su nuevo amante: “No cariño, llegas justo a tiempo, justo a tiempo de ver que el mundo todavía puede ser hermoso”. Mientras estuvo Honor en él, seguro que sí lo fue.

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