Diario cinéfilo en tiempos de cólera (II)

domino / 19 de abril del 2020 / 12:47h.

 

 

Después de La amenaza de Andrómeda (1971), El puente de Casandra (1976) y Contagio (2011) le toca el turno a Guerra mundial Z (2013), esa película que tuvo tantos problemas durante su rodaje. Uno de sus guionistas es Drew Goddard, director de la estupenda e ignorada Malos tiempos en El Royale (2018), y está basada en una novela de Max Brooks, hijo de dos grandes: su padre es Mel Brooks y su madre Anne Bancroft. Por cierto, esta última no pudo aceptar protagonizar El exorcista (1973) porque estaba embarazada de Max. Guerra mundial Z fue un dolor de cabeza para muchos de sus responsables (Max Brooks porque se alejó demasiado de su libro, Marc Forster porque el estudio le obligó a entregar una versión para todos los públicos y Brad Pitt porque no se respetaron los aspectos geopolíticos del libro, que eran los que más le interesaban a él) pero lo cierto es que es una muy entretenida película. El virus se expande por todo el mundo y nuestro protagonista viaja de Estados Unidos a Israel en busca del origen de la pandemia. Allí, el científico Jurgen Warmbrunn (interpretado por el productor, actor y director Ludi Boeken) le dice que se olvide del paciente cero y que no vaya a la India en su busca, y de postre le suelta esto: “La mayor parte de la gente no cree que algo así pueda ocurrir, hasta que ya ha ocurrido. No es por estupidez o debilidad. Es la condición humana”. Más tarde, el joven virólogo Andrew Fassbach (Elyes Gabel) suelta el mejor discurso de la película: “La madre naturaleza es una asesina en serie. Nadie la supera y es la más creativa. Pero como todo asesino en serie, siente el irrefrenable deseo de que la atrapen, de modo que va dejando miguitas. Y, a veces, lo que creías que era el aspecto más brutal y activo del virus, resulta que es su Talón de Aquiles”.

 

Dice Juan Antonio Bayona que antes de todo esto Contagio estaba catalogada en el portal IMDB como una película de ciencia ficción. Si lo miras ahora, sale como “drama”.

 

Leo en Fotogramas una entrevista con el actor inglés Bill Nighy a propósito de Emma y asegura, hablando de su personaje, el padre de la protagonista: “En aquella época cualquier resfriado te enviaba a la tumba, así que Mr. Woodhouse se protege de que le tosan en la cara. Hoy ya ve, nos damos las manos con desconocidos y no sabemos si nos estamos contagiando de algo terrible”.

 

Dice en El País el actor Asier Etxeandia que le da mucha pereza hablar de ETA y que “es un tema que cualquier vasco lo ha experimentado muy de cerca. Yo estaba en medio de gente de los dos bandos y he podido vivir el dolor de cada uno de ellos. Una cosa que me toca las pelotas por parte de ambos bandos es que no se puede ni hablar, porque cada vez que aparece el tema es como si se levantase una nueva guerra: No vamos a querer entender cuáles son los motivos de unos y de otros”. ¿Dos bandos? ¿Los motivos de unos y de otros? Es inmoral hablar de bandos y equipararlos cuando en un lado estaban los que pegaban tiros en la nuca, secuestraban y ponían bombas en las plazas de las ciudades españolas y en el otro los que eran secuestrados y extorsionados y morían asesinados y reventados por esas bombas. Ya lo dijo hace años el artista Omar Jerez: “Siempre me ha llamado la atención la actitud de muchos actores, actrices y directores del cine español con respecto a ETA. En España ningún artista se ha atrevido con ETA. Mis héroes son los escritores; los únicos. La moda en mi gremio es hablar de conflictos como Palestina, el Sáhara… pero no del que tenemos aquí mismo. Y diré más: lo que está de moda es simpatizar con la izquierda abertzale. Me resulta incomprensible”. Y, mientras, como dice Emilia Landaluce en El Mundo “hay más de 300 crímenes atribuidos a ETA que aún no se han resuelto. ETA ha sido derrotada aunque los herederos de su Batasuna mantienen los mismos objetivos y aún siguen sin criticar el terror que sembraron los suyos”.

 

La primera baja cinematográfica del coronavirus fue la nueva película de James Bond, Sin tiempo para morir. Aunque hubo un tiempo en que 007 venció a un virus. Fue en Al servicio secreto de su Majestad (1969), con Blofeld planeando una guerra biológica para chantajear a las potencias mundiales. En el instituto Bleuchamp, clínica especializada en alergias situada en el Piz Gloria, en lo alto de los Alpes suizos, el villano ha creado el virus Omega, con 12 chicas como Ángeles de la muerte reclutadas por todo el mundo y entrenadas sin saberlo para esparcir el peligroso agente biológico por cultivos y ganados de todo el planeta.

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