Crónicas desde Amazon Prime Video (XXI): La Batalla de los sexos (1960)

Alfonso Asua / 27 de abril del 2021 / 17:37h.


Charles Crichton (1910–1999) rodó Un pez llamado Wanda a los 78 años y recibió una nominación al Oscar, además del aplauso en todo el mundo por una comedia tan fresca y tan divertida. Con 50 años, el cineasta inglés, asociado a los Ealing Studios y responsable de clásicos como Oro en barras (1951) o Los apuros de un pequeño tren (1953), estrenó La batalla de los sexos (The Battle of the Sexes) (1960), también una comedia con ritmo, fresca y muy divertida.


Cuando Ealing cerró sus puertas en 1959, Crichton comenzó una nueva etapa y lo hizo con esta película basada en un relato corto de James Thurber (1894–1961), autor de la célebre y dos veces llevada al cine La vida secreta de Walter Mitty. Producida y escrita por el ruso Monja Danischewsky (Topkapi), en el reparto tres grandes del cine británico: Peter Sellers, Robert Morley y Constance Cummings.


Como Jean Seberg, que era una actriz americana que parecía francesa, Constance Cummings (1910–2005) era una actriz americana que parecía británica. Es más, nunca se sintió realmente cómoda en Hollywood y en 1934 se fue a Inglaterra, donde se quedó hasta su muerte.
Constance Cummings protagonizó varias obras de teatro en Broadway, hizo varias películas en Hollywood y luego en Inglaterra, donde siempre se la recordará como Ruth Condomine, la sufrida segunda esposa de Charles Condomine (Rex Harrison) en la maravillosa Un espíritu burlón (1945), de David Lean. Esa fue una de sus últimas apariciones en la pantalla, luego encontró refugio en la televisión y todavía haría un par de películas más. Una de ellas, esta batalla de sexos sobre una ejecutiva agresiva que asesora a empresas (el papel de Constance) y termina aterrizando en Edimburgo para modernizar una anticuada y pequeña empresa textil.


Hay varias cosas destacables en esta comedia que muy bien podía haberse producido entre los muros de la Ealing. La primera que la dirige Charles Crichton.
También que vemos en su salsa a dos auténticos grandes, como son Robert Morley (1908–1992), el atolondrado heredero de la empresa familiar The House of Macpherson que suspira por la ejecutiva y se dejar llevar por ella, y Peter Sellers (1925–1980), el gris empleado que intenta boicotear todos los planes de la intrusa, consciente de que los cambios en su trabajo siempre serán para peor.


Cuando Sellers hizo esta película ya era uno de los actores más taquilleros del cine británico y le quedaba muy poco para saltar a Hollywood y convertirse en una estrella internacional. Tres años después, rodaría La pantera rosa y muy bien podríamos encontrar la semilla del inolvidable inspector Clouseau en la mejor escena de La batalla de los sexos. Se produce al final de la película, cuando el gris Mr. Martin (Sellers) acude al apartamento de Angela Barrows (Constance Cummings) para desacreditarla y acabar de una vez por todas con sus planes reformistas. Todo lo que hace Mr. Martin en ese apartamento es Clouseau en estado puro. Entonces aparece de improviso el tercero en discordia, Robert Macpherson (Morley), al que Martin considera “una tonta bola de sebo”, y el espíritu de Blake Edwards se cruza con el de Charles Crichton y el espectador solo puede entregarse al gran lío y disfrutar.

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