Cuando el cine nos mostró la furia de un Volcán

Alfonso Asua / 22 de septiembre del 2021 / 11:55h.
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Irwin Allen (1916–1991) fue el rey del cine de catástrofes, el hombre detrás de todas las desgracias provocadas por la madre naturaleza. En su filmografía no faltaba de nada. Una ola gigante para La aventura del Poseidón (1972) y un incendio en un rascacielos para El coloso en llamas (1974). Esas dos fueron sus películas más famosas y mejores. La primera recibió nueve nominaciones a los Oscar y la segunda ocho, además de una considerable taquilla. Fue el mejor momento de Allen, el hombre conocido como «The Master of Disaster», el productor que aseguraba que nunca se iba a quedar sin ideas para catástrofes porque desgraciadamente en los periódicos tenía su mejor fuente de historias. “En los diarios encontrarás 10 o 15 todos los días. Es una pena, pero en mi caso es una suerte”.


Si Irwin Allen viviera hoy y leyera cualquier periódico del mundo, encontraría la noticia de la erupción del volcán en La Palma. Y podría pensar que ahí había una película… si no la hubiera hecho ya. Fue El día del fin del mundo (When Time Ran Out…) (1980), la historia de un volcán en erupción que amenaza un centro turístico de una isla del Pacífico (basada muy libremente en la novela The Day the World Ended, de Gordon Thomas y Max Morgan Witts, sobre el terremoto de Martinica de 1902).


La fórmula, copiada de Aeropuerto (1970), era la misma que todas las anteriores de Allen: un casting de estrellas presentes y pasadas metidas en algún tipo de situación catastrófica.
Paul Newman era el protagonista y según cuenta Shawn Levy en su excelente biografía del actor este fue el segundo trabajo estrictamente por dinero que hizo para Irwin Allen. El primero había sido El coloso en llamas, por la que se llevó, entre unas cuentas y otras, 10 millones de dólares. Por hacer frente a la erupción volcánica cobró dos millones de dólares. El propio actor confesó en una entrevista que efectivamente hizo esta película únicamente por dinero. La llamaba «la película del volcán» y declaró que tanto él como el resto del reparto (Jacqueline Bisset, William Holden, Edward Albert, Red Buttons, Barbara Carrera, Valentina Cortese, Burgess Meredith, Ernest Borgnine, James Franciscus y Pat Morita) sabían desde el minuto uno que estaban rodando un posible desastre en todos los sentidos.

La moda de las películas de catástrofes estaba llegando a su fin, es más, esta terminó siendo la tercera consecutiva de Irwin Allen (después de El enjambre y Más allá del Poseidón) que fracasó en taquilla. Él mismo acabó con el género y todo lo que hizo después fue para televisión, medio donde ya había hecho Inundación (1976) y El bosque en llamas (1977).


Shawn Levy dice que esta película es “una nadería inútil que llegó a las pantallas totalmente caducada. Nadie quiso verla cuando se estrenó y su lanzamiento en video parecía tan poco prometedor que le cambiaron el título. Newman casi nunca había trabajado solo por dinero, y pocas veces había intervenido en una película desprovista de todo mérito artístico pero con El día del fin del mundo hizo ambas cosas”.

Por lo menos, cuenta la leyenda, los dos millones que pagaron al actor sirvieron como capital inicial para el negocio de salsas de ensaladas. Newman’s Own, fundada en 1982, ha recaudado más de 260 millones para organizaciones benéficas en todo el mundo y continúa creciendo y prosperando.


La “nadería inútil” que dice Levy tenía un guion firmado por, nada menos, Carl Foreman, guionista de Solo ante el peligro (1952) y El puente sobre el río Kwai (1957), y Stirling Silliphant, que ganó el Oscar por En el calor de la noche (1967). Muy buenos fichajes que contrastaban con un director mediocre, James Goldstone, que había dirigido a Newman en Quinientas millas (1969) y unos efectos especiales que, según contó en sus memorias Ernest Borgnine, fueron ridículamente baratos porque gran parte del presupuesto se destinó a localizar y filmar los exteriores de Kailua-Kona, en Hawai.


El 18 de mayo de 1980, Mount St. Helens (Monte Santa Helena​), ubicado en el condado de Skamania, en el estado de Washington, entró en erupción. Fue la más mortal en la historia de los Estados Unidos. La película se había estrenado el 28 de marzo de ese año. Por una vez, Irwin Allen no tuvo que esperar a leer las noticias del periódico.


Muchos años después llegaron a la vez Un pueblo llamado Dante’s Peak (1997) y Volcano (1997). Todas las escenas del cráter en la primera se rodaron en Mount St. Helens.

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