Entrevistamos a la mujer del año: Greta Gerwig por «Mujercitas»

20 de diciembre del 2019 / 12:30h.

Tiene 36 años, actriz nominada al Globo de Oro, por Frances Ha (2012), directora nominada al Oscar, por Lady Bird (2017), la quinta mujer que lo consigue tras Lina Wertmuller, Jane Campion, Sofia Coppola y Kathryn Bigelow, y la tercera norteamericana, y pareja dentro y fuera de las pantallas del cineasta Noah Baumbach. Greta Gerwig estrena ahora Mujercitas, su nueva película como directora, una nueva versión del clásico de Louisa May Alcott, llevado al cine en 1933 por George Cukor, en 1949 por Mervyn LeRoy y en 1994 por la australiana Gillian Armstrong. Florence Pugh (la talentosa Amy), Emma Watson (Meg, la mayor de las cuatro), Saoirse Ronan (la imparable Jo) y Eliza Scanlen (la tímida y cándida Beth) son las hermanas March, Meryl Streep interpreta a la tía, el personaje que inmortalizó la gran Edna May Oliver en 1933, Laura Dern es la madre de las chicas, un papel que fue de Susan Sarandon en la versión de 1994, y Timothée Chalamet es Laurie, el tierno mejor amigo de Jo, como lo fueron antes Peter Lawford y Christian Bale.

Cuesta creer que una mujer que se atreve a utilizar a Borges y a Ítalo Calvino como inspiración para escribir sus guiones, necesitara también leer su carta astral y la de Louisa May Alcott para empezar con el guion de Mujercitas. Greta Gerwig utiliza una estructura no lineal para contarnos la historia de las hermanas March. Ya sabemos que el talento de esta neoyorquina que nos enamoró con Lady Bird es inmenso, igual que su inteligencia, pero adaptar y dirigir la novela fue un trabajo arduo para esta cineasta que estudió retratos de 1854 para entender la época victoriana que retrata la película. Su cinta es un canto de amor a la infancia, una versión moderna para una generación que necesitaba su particular Mujercitas. Jo es una heroína moderna, que se confunde con la misma Louisa May Alcott y, por supuesto, con Greta Gerwig. Ella es siempre la heroína de sus películas.

¿Cómo se le ocurrió la particular estructura que tiene la película, que ofrece un cambio completo a una narración que todo el mundo conoce? Mil gracias. La estructura surgió durante la escritura. Pasé mucho tiempo batallando porque no encontraba lo que quería. Es algo que suele ocurrirme, pienso que voy a escribir el guion en unas semanas y acaba llevándome meses. Sabía que el corazón de la historia estaba muy cercano a mí, porque crecí con la novela. El personaje de Jo siempre ha sido mi inspiración. Mi heroína. Tenía una idea clara de que mi película iba a centrarse en: mujeres, dinero, arte y comercio. La intersección de todos esos elementos. Luego, me di cuenta que el libro era demasiado conocido. Fue editado hace 150 años, se ha traducido a 50 lenguas, se han hecho un sinfín de adaptaciones y sentí que tenía que convertirlo en un texto urbano, es decir, ser fiel al libro y a su vez incluir el texto colectivo de lo que significa para tantas y tantas personas. Con esa idea, he creado una narración cubista. El truco estaba en conseguir mantener la ternura de los personajes, la Navidad frente a la chimenea, la unión de la familia, el placer y el dolor de la infancia. En ese sentido tenía que hacerle justicia, pero también quería reflejar la intimidad que nos provoca. Todo eso me ayudó a presentarlo en dos dimensiones. Empezar con Jo siendo adulta y regresar a su infancia en sus recuerdos. En su vida adulta todas ellas están separadas físicamente. Meg con su marido e hijos, Amy en Europa, Beth en casa con poca salud y Jo viviendo en Nueva York y tratando de ser escritora. La infancia se convierte en un globo de nieve al que regresan con sus recuerdos. Eso me hizo preguntarme si eso era lo que había ocurrido o lo que ellas recordaban. Son capas de tiempo donde el presente, el pasado y la ficción se combinan. Hay una duplicidad entre la infancia y la edad adulta, primero Beth se enferma y luego se recupera, sin embargo, después vuelve a enfermar y muere. Al unir esos dos sucesos en el mismo tiempo lineal de la narración, el impacto emocional es mucho más grande porque el pasado y el presenten ocurren simultáneamente. Ella estaba viva hace un momento y de pronto desaparece. Emocionalmente es así como experimentamos la pérdida de un ser querido. Como si la presencia fuera un talismán contra la muerte. No lo es, pero se siente así.

¿Le costó llegar a esa estructura? Esa escena inicial de Jo tratando de vender lo que ha escrito, su historia, fue algo que entendía porque lo he vivido en mis carnes. Una vez que tuve esa escena escrita, sabía que iba a poder terminarlo como yo quería. Centrar la historia en la autora; la autora es Louisa, la autora es Jo, la autora soy yo. Así fue como me metí.

Es una forma muy moderna de escribir… Sí. Es cierto. Siempre he admirado a las mujeres inteligentes. Soy una escritora emocional, muy sincera. Pero me gusta jugar con la idea de ser autora. Jorge Luis Borges es uno de mis favoritos, y él siempre juega con incluirse en sus historias. Ítalo Calvino es otro que también juega, ambos cuentan la historia que sigues, pero la cuentan como si existiera un narrador doble. Eso es algo que se ha hecho poco en el cine y me parece muy interesante.

Le va a parecer una tontería, pero viendo la película no dejaba de pensar en las Kardashian… Me encantan. Esta es una historia de hermanas y dinero, claro que pensé en las Kardashian. Es curioso. Tengo que reconocer que me encanta su serie, con Kris Jenner moviendo los hilos. Lo que hizo Louisa May Alcott con su novela, y es parte de la crítica que he leído sobre ella, fue crear una utopía femenina, separada de los hombres. El padre está en la guerra, no está presente. Son estas mujeres quienes crean el mundo para sí mismas. Muchas veces veo a las mujeres mostrando su energía y su poder mientras los hombres no saben qué hacer. Una de mis escenas favoritas de la película es cuando las hermanas entran en la biblioteca y, después de reírse y tocarlo todo, se van. Los hombres no tienen ni idea de qué hacer. Se quedan de pie aburridos. Las mujeres tienen un poder que, aunque tradicionalmente se presenta subterráneo, siempre ha estado presente.

¿Cree que las mujeres de sus películas viven utopías? No lo había pensado así. Tal vez. No es que sus mundos sean perfectos, pero las amo tanto que mi cámara las envuelve con el amor que me provocan. Me gusta pensar que los personajes que imagino en mis películas no saben todo lo que siento por ellos.

Dicen que usted es “La Woody Allen de las directoras”. En Mujercitas ha cambiado un libro histórico de la literatura retorciendo la estructura hasta hacerlo suyo. Mira, creo que todavía estoy aprendiendo. Trato de construir mi camino según voy andando. No tengo ni idea de cual va a ser mi legado, pero sé que no estoy poniendo a prueba mi intelectualidad. Sé lo que siento y lo que quiero, lo que está mal. No puedo mentirme a mi misma. No puedo hacer algo que no me salga de dentro o no entienda. Tengo que encontrar mi propio rumbo. Intento encajar dentro del espacio del género que estoy tratando, y luego le añado mi personalidad. Mi esfuerzo siempre se ha enfocado en conseguir que mis historias sean funcionales y personales.

¿Cómo es su relación con Saoirse Ronan, con la que ya hizo Lady Bird (2017)? Con ella tengo una relación personal muy particular. Saoirse sabía que estaba escribiendo este guion y me dijo: «Yo seré Jo». Y estaba en lo correcto. Sabía lo que decía y por qué lo pedía. Antes de que me lo dijera, no tenía a Jo en mi mente de la misma manera. Una vez que visualicé a Saoirse en el personaje, podía visualizar cada frase que decía. Es una relación misteriosa la que tenemos, un poco mística. Saoirse y yo estamos siempre soñando el mismo sueño.

¿Y con el resto del elenco? Una locura. Me encantan los intérpretes, yo soy uno de ellos. Los amo y les entiendo. Espero que su experiencia trabajando conmigo en esta película haya sido tan satisfactoria como para mí ha sido trabajar con ellos.

 

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