Algún día alguien lo contará

29 de julio del 2021 / 9:30h.

 

Stanley Kubrick nunca estuvo muy contento con el fichaje de Marisa Berenson para Barry Lyndon (1975), sobre todo cuando comprobó que la actriz no podía suavizar su fuerte acento norteamericano, algo incompatible con su personaje. Entonces el director tomó una drástica decisión: suprimir muchos de sus diálogos. ¿Qué otra cosa podía hacer sino mantenerla callada?

Algo parecido le pasó a Alfred Hitchcock con Kim Novak. El cineasta quería para Vertigo (1958) a Vera Miles, pero ésta se quedó embarazada. La única razón por la que la contraté fue porque Vera se quedó embarazada, dijo Hitchcock descontento. Al menos tuve la oportunidad de echarla al agua, remató el director.

Hitchcock también la tomó con Joan Fontaine durante el rodaje de Rebeca (1940), hasta el punto que durante una toma en la que la actriz tenía que llorar y no podía el director le propinó un fuerte bofetón, como cuenta Leonard J. Leff en el libro Hitchcock y Selznick.

Robert Altman se negó a hacer Popeye (1979) sin Shelley Duvall pero se encontró con la fuerte oposición del impresentable Don Simpson que, tras ver la prueba de la actriz, exclamó: “Bueno, no me gustaría tener que f…. Y si no me gusta para un polvo, no debería trabajar en la película”.

Estos son solo unos cuantos ejemplos de cómo han sido tratadas las actrices en la industria del cine. Alguien debería escribir un extenso libro contando por lo que han tenido que pasar muchas de ellas. El acoso sexual es lo más grave, pero también han sido despreciadas, ignoradas y humilladas. Ese sería el tema. Nos quedaríamos de piedra.

Cosas que se han dicho

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